"Estamos muy lejos de casa, en tierras frias y agrestes", son las palabras que caen casi por accidente de la boca del hombre lince de Elsweyr, (el hombre gato, le dicen los humanos apestosos que tan poco lo comprenden) mientras recorre a pie el sendero que lleva desde la comarca de Falkreath hasta las puertas de Carrera Blanca -donde por supuesto no lo dejarán entrar- por mas que hallan revisado cientos de veces su bolsa en búsqueda de un mínimo vestigio de contrabando.
M'arij, es un Khajiita, o Khajiit. El sabe bien que no pertenece a las tierras en las que camina. Su pelo se humedece con el rocío y la escarcha de la primera mañana, y no se seca hasta que cae el sol, le duelen los bigotes, y envuelve su cola en la cintura para darle calor a su barriga vacía de varios dias.
"Nunca antes había pisado la... nieve, hasta este año ni siquiera sabia el nombre de esta arena congelada", el duro y frio suelo de la provincia de Skyrim lastima las almohadillas de sus patas, hasta dejarlas en carne viva, M'arij sabe que tendrá que lamerlas y curarlas esa noche antes de continuar su caminata.
¡Ah, pero como conoce de la arena verdadera! la arena calida, la playa de Elsweyr. El hombre gato suspira el nombre de su hogar, su hogar de miel y sol, su patria y su amor.
Con un puño cerrado aprieta el amuleto de luna, ese simple dije redondeado, "todo lo mortal se desvanece, mientras el espíritu es eterno, solo los de buen corazon encuentran el camino bajo sus pies", le dijo su madre al darle ese regalo, cuando M'arij era solo un cachorro, no podría vivir si lo deja caer en el tumulto de la puerta de la ciudad mas grande de la provincia.
Sin embargo, su mente divaga en el medio del alboroto, su mente se va a casa, y respira el aire cálido que baja por la sierra de la provincia imperial y acaricia sus orejas... camina por la playa bañando su pelo y su alma de gracia y calor... ah, el calor, el unico dios verdadero de un Khajiita.
Un guardia nórdico empuja a M'arij al suelo, el amuleto de luna rueda hasta mezclarse con la mugre y el olvido.
A M'arij le duele el cuerpo, pero también le duele algo mas profundo.
A M'arij le duele la nieve, y mas la nieve de los ojos de los humanos.
No le duele su hogar, si no cada kilometro, cada metro, y cada centímetro de tierra gris que lo separa de él.
Pasan meses y hasta pasa otro año, M'arij no pudo entrar a ninguna comarca aun, rechazado, y tratado como ladrón por el pueblo de los nórdicos, encontró precisamente en el hurto su nueva profesión. A pesar de que el solía un reconocido labrador de cueros en su tierra natal, arrancada de sus patas a la fuerza.
Sale del tasador de objetos robados y camina sin rumbo con sesenta monedas que piensa gastar rápidamente en cerveza o aguamiel, cualquiera se aparezca primero en una taberna de las afueras.
¿Le gustaría algo de leche o azúcar lunar en vez de las toscas bebidas de Skyrim?, el caminante Khajiita ya no se hace tales preguntas, porque lo hacen llorar. Tampoco mira a la luna al caminar de noche, porque lo hace llorar. Y menos puede permitirse el lujo de disfrutar el olor de los enebros y los frutos de verano, porque lo hacen recordar... porque lo hacen llorar.
Y asi en algun lugar de la triste taberna, sentado en un quebradizo banco de madera en una mesa esquinera el Khajiita llora en silencio, llora la nieve la escarcha y el metal de la vida y la muerta de su alma eterna, y su cuerpo débil y mortal. Pero nadie lo nota, (o nadie quiere notarlo).
M'arij alza su mirada por un momento solo para ver la enorme figura que se acerco a él.
El fuego de la chimenea dibuja una silueta brillante de chispas alrededor del hombre que tiene en frente. "¿Te molesta si me siento a tu lado?" pregunta ese misterioso sujeto, tiene una pesada armadura de hierro gastada y ensangrentada, una brillante espada se asomaba entre los cueros del cinturón, y usaba un poderoso yelmo con dos cuernos de dragón que se ciernen sobre su cara atestada de barba y cicatrices ¡Es un guerrero nórdico! Ningún humano le había hablado desde que llego a esa enorme tierra hacia casi dos años.
"Por supuesto compañero caminante, compartamos el pan,el aguamiel, y el calor del fuego"
El soldado bruscamente se sentó en el banco de al lado y se sirvió una copa de aguamiel. Acto seguido y sin despegar la mirada de la mesa, saco de su bolsillo un amuleto de Luna y lo dejó en la mesa, al alcance de las manos de M'arij.
"Ah!, mi hogar!" Exclamó de alegría y júbilo el hombre gato.
"¿Pero por qué tal molestia?¿Quien es usted?"
"Soy el que puede gritar la lengua de los dragones, quien controla el tu'hum de fuego y hielo, soy el amo de la muerte, el brillo de Meridia y el terror de los daedras, mía es la fuerza y la voz" Dijo el hombre con una voz que hizo temblar hasta los cimientos del lugar, he hizo el fuego crepitar con una fuerza excepcional.
Pero para el Khajiita, toparse con el legendario sangre de dragón no significaba absolutamente nada, para él, solo era un hombre de buen corazón, y con un camino bajo sus pies. M'arij nunca podría pagar tal deuda, solo tomaría fuertemente su amuleto, y seguiría a este hombre hasta el frío helado del fin del mundo.
